MULAS DE ACERO

Fotografías: Gustavo Baüer.

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En Manaure, un pueblo de La Guajira colombiana, miles de familias viven de la sal: hombres y mujeres la explotan en enormes salinas marítimas, cuya extensión alcanza las cuatro mil hectáreas.

 

 

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Los wayúu, la etnia más numerosa entre Colombia y Venezuela, con casi medio millón de personas, se movieron durante siglos por el desierto a lomo de mula. Pero la recesión y la sequía acabaron con los animales, que fueron sustituidos por una nueva bestia rodante.

 

 

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La bicicleta se convirtió en el medio de transporte más popular entre los wayúu. Pero ellas aún comparten las escasas carreteras con vehículos que parecen venidos de otro tiempo.

 

 

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Durante los viajes por el desierto, es común cruzarse con ciclistas solitarios que esperan lo improbable en mitad de la nada.

 

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A las cinco de la tarde, cuando cae el sol y termina la jornada, los obreros en las salinas de Manaure vuelven a casa pedaleando con sus herramientas al hombro.

 

 

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El desierto guajiro, pura aridez y soledad, ha visto resistir a los wayúu durante miles de años. Las mulas y los burros fueron aliados de los hombres en el dominio de esa naturaleza agreste, pero su tiempo terminó. Ahora los guajiros, tozudos como pocos, apuestan por una nueva estrategia, viajando confiados sobre sus mulas de acero.