EL GIRO, ATRAPADO POR EL CONFLICTO EN JERUSALÉN

Por: Beatriz Lecumberri* / Fotografías: Pixabay

“The big start in Israel”, celebran ahora los organizadores del Giro de Italia. El gran comienzo en Israel. Primera etapa, una contrarreloj individual de casi 10 kilómetros. La imagen que presenta este inicio de la carrera es el perfil de la Ciudad Vieja bajo una preciosa luz ocre, una bella estampa que conmoverá a muchos aficionados al ciclismo, y estimulará su deseo de conocer Jerusalén y descubrir aquí la magia, la fe y la historia.

Pero por estos días, en una parte de la ciudad late un malestar cuando se habla del Giro: cunde el sentimiento de que la carrera parece haber pasado por alto un conflicto antiguo, pues los ciclistas competirán en una ciudad dividida, disputada y violenta. Jerusalén, según la comunidad internacional, debería convertirse un día en dos ciudades; dos capitales para dos Estados independientes, uno israelí y otro palestino.

Será la primera vez, en 101 ediciones de esta carrera, que el Giro comience fuera de Europa, y la primera vez también que Israel reciba un acontecimiento deportivo tan importante. Según portavoces de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), los encargados del Giro cerraron los ojos ante la delicada y dolorosa realidad de Jerusalén, al aceptar la oferta de las autoridades israelíes de recibir las tres primeras etapas de la vuelta y presentarlas al público como pruebas que se celebran en tierra israelí.

“La tarjeta postal de Jerusalén que el Giro ha elegido para promocionar lo que ellos llaman ‘el gran inicio en Israel’ muestra sin ningún tipo de aclaración lugares que se sitúan en tierra ocupada ilegalmente por Israel”, ha denunciado la OLP, refiriéndose a la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde están la cúpula dorada del Domo de la Roca, en la Explanada de las Mezquitas; la iglesia del Santo Sepulcro y el Monte de los Olivos.

Para la mayoría de los países de la comunidad internacional, y para los palestinos, Jerusalén no es solamente Israel. En 1947, Naciones Unidas aprobó el plan de partición que dio lugar a la proclamación del Estado de Israel. Entonces se recomendó que el destino de la ciudad se definiera solo cuando israelíes y palestinos encuentren un acuerdo de paz definitivo, algo que está lejos de lograrse.

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En 1967, Israel se hizo con el control de la parte oriental de Jerusalén pasando por encima de la llamada “Línea verde”, una frontera que dividía la ciudad entre este y oeste desde el armisticio de 1949, tras la primera guerra árabe-israelí. Desde hace 50 años se considera que Jerusalén-Este, con la Ciudad Vieja incluida, está ocupada por Israel . La comunidad internacional no ha reconocido esta ocupación ni la soberanía israelí en Jerusalén oriental, y hasta hoy toma como referencia la “Línea verde”, invisible físicamente, como la frontera entre la Jerusalén israelí y la Jerusalén palestina.

La contrarreloj individual del Giro discurre por la parte oeste de Jerusalén. El recorrido no pisa en ningún momento la zona oriental o palestina de la ciudad, pero las autoridades israelíes y los organizadores del Giro han presentado esta etapa como “Jerusalén”, sin la mención “oeste”, dando a entender que Jerusalén es una ciudad unida y forma parte de Israel. Para los responsables palestinos todo esto es una peligrosa y constante “normalización de la ocupación”.

“Desde hace 50 años se considera que Jerusalén-Este, con la Ciudad Vieja incluida, está ocupada por Israel . La comunidad internacional no ha reconocido esta ocupación ni la soberanía israelí en Jerusalén oriental”.

“El tema no es oeste o este; todo Jerusalén forma parte de las negociaciones del estatuto final. Si uno quiere ver el vaso medio lleno, se puede felicitar porque los organizadores decidieron que la carrera no pasara por Jerusalén-Este, pero el público, ¿qué va a ver? Una foto de Jerusalén y al fondo la Explanada de las mezquitas, que es zona ocupada. Todo esto forma parte del objetivo de Israel para mostrar que es su capital y que no se puede dividir”, dijo Xavier Abu Eid,  un portavoz de la OLP.

La segunda etapa del Giro se correrá entre las ciudades israelíes de Haifa y Tel Aviv, el 5 de mayo; y la tercera y última etapa, antes de que la carrera se traslade a Italia, recorrerá 226 kilómetros entre Beersheva y Eilat, en la frontera con Jordania. Israel ha invertido 120 millones de shekels (33 millones de dólares) para recibir las tres primeras etapas de esta competencia. Una parte sale de las arcas públicas, y la mayor parte de donantes privados, concretamente de Sylvan Adams, un empresario judío canadiense instalado en Israel, que se ha convertido en presidente honorario del “Big start” en Jerusalén.

“Creemos que el deporte debe ser para todos, transmitir un mensaje de paz y de libertad. Son los ideales olímpicos. Cuando el Giro viene a Jerusalén y la ciudad se presenta como capital de Israel, es como si Palestina y los palestinos no estuviésemos aquí, no existiésemos”, dijo Nibal Jalil, del equipo directivo del Comité Olímpico palestino.

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En septiembre de 2017 los organizadores del Giro y algunos corredores como Alberto Contador, dos veces campeón de esta carrera y ahora retirado, viajaron a Jerusalén para presentar las tres primeras etapas de la edición 2018. En todo momento, Jerusalén e Israel se usaron como sinónimos, y las cuestiones políticas estuvieron ausentes. Tanto, que cabía la posibilidad de preguntarse si habían estado alguna vez presentes.

“Me parece un acierto que el Giro comience en Jerusalén (…) Creo que será una gran oportunidad para los israelíes, y un momento muy especial para los telespectadores”, declaró Contador. “La  historia y la singularidad de esta tierra nos llevaron a elegir Israel para este gran comienzo (…) Queremos que sea un acontecimiento deportivo, ajeno a las discusiones políticas”, dijo Mauro Vegni, director del Giro.

Pero en Jerusalén es imposible escapar de la política en los actos más simples y banales de la vida diaria y el Giro se ha visto atrapado por esta realidad. A finales de noviembre, durante la presentación de la carrera en Milán, una novedad fue introducida por los organizadores: en los documentos y mapas presentados se usó la denominación “Jerusalén-Oeste” para indicar el lugar de inicio del Giro 2018. La reacción israelí no tardó en llegar. En un comunicado conjunto, la ministra israelí de Cultura y Deporte, Miri Regev; y el titular de Turismo, Yariv Levin; acusaron a los organizadores de romper los acuerdos firmados, y amenazaron con suspender su participación en la carrera. “En Jerusalén, la capital de Israel, no hay Este u Oeste. Sólo hay una Jerusalén unificada”, dijeron.

Adams, el padrino de las etapas israelíes del Giro, se declaró “ofendido” al ver la presentación de Milán. “Es inaceptable. No decimos Roma-Oeste o París-Este. Entonces, ¿por qué vamos a decir Jerusalén-Oeste?”, se preguntó Adams. Horas después, la mención de “Jerusalén-Oeste” fue sustituida con un simple “Jerusalén” por los organizadores del Giro.

“Un centenar de grupos enviaron una carta donde pedían a los organizadores del Giro que trasladaran el inicio a otro país para evitar que la carrera se vea involucrada en violaciones israelíes al derecho internacional”.

“Los organizadores no pueden decir que no sabían. Aquí no hay nadie inocente. Ha habido contactos con el Giro y con el gobierno italiano, pero ellos cedieron a las presiones del gobierno israelí, que siempre ha sido muy claro sobre sus intenciones políticas con este evento”, dijo Abu Eid, de la OLP.

El gobierno israelí recibe al Giro pocos días antes de que Estados Unidos abra su embajada en Jerusalén, tras la decisión de Donald Trump de considerar a esta ciudad como la capital de Israel, y rompiendo así la línea diplomática mantenida por su país durante décadas. Benjamín Netanyahu, el primer ministro de Israel, espera que ese traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén sea imitado por otros países.

Para los judíos, Jerusalén es su capital eterna e indivisible, y los palestinos, que representan algo más del 35 por ciento de la población en la ciudad, sueñan con un Estado que tenga Jerusalén-Este como capital. Esta idea ha sido plasmada en los borradores de todos los acuerdos de paz de los últimos 20 años. Tras la decisión de Trump, el presidente palestino Mahmud Abbas y su gobierno han considerado que Estados Unidos, con esta decisión, deja de ser un mediador válido en futuras negociaciones de paz.

Las tres primeras etapas del Giro coinciden también con los 70 años de la creación del Estado de Israel, y tendrán lugar además en vísperas de que los palestinos recuerden la Nakba, o ‘catástrofe’ en árabe: el éxodo forzado de unos 800.000 palestinos que tuvieron que abandonar sus casas tras la creación del Estado de Israel.

“El Giro circulará por una zona que fue limpiada étnicamente hace 70 años; los palestinos fueron echados y esa situación aún sigue sin resolverse. Es un insulto que el Giro pase por ahí justamente en ese momento”, dijo Abu Eid.

Desde fines de 2017, más de un centenar de grupos de derechos humanos y oenegés firmaron una carta donde pedían a los organizadores del Giro que trasladaran el inicio a otro país para evitar que la carrera se vea “involucrada en violaciones israelíes al derecho internacional”. Según ellos, la decisión de trabajar con el gobierno israelí para organizar estas tres etapas “encubre la ocupación militar israelí y las políticas racistas contra los palestinos, y exacerbará el sentimiento de impunidad que rodea al gobierno israelí”.

Asociaciones cristianas palestinas enviaron además una carta al Papa Francisco, alertándole de que el inicio del Giro en Jerusalén “instrumentaliza el deporte” e “intenta blanquear la ocupación militar israelí y sus violaciones de los derechos humanos”. Según esta carta, “a cambio de millones de dólares de patrocinio pagados por el gobierno israelí, los organizadores del Giro están ayudando a Israel a difundir una imagen errada de la ocupación de Jerusalén-Este, presentando la ciudad como una capital unificada que forma parte de Israel”.

Pero no sólo la etapa de Jerusalén es problemática. El Giro también recorrerá el desierto del Neguev, donde hay aldeas beduinas a las que Israel no les reconoce sus derechos básicos. “Muchos de estos pueblos han sido sometidos a numerosas demoliciones por parte de Israel, que también está revocando arbitrariamente la ciudadanía de miles de beduinos palestinos, dejándolos sin Estado, en clara violación del derecho internacional”, dicen los firmantes.

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Los organizadores, mientras tanto, se han felicitado porque estas iniciativas no han tenido repercusiones negativas en la carrera, y porque el movimiento BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), que insta a penalizar financiera y culturalmente a Israel mientras no termine la ocupación de los territorios palestinos, no ha logrado su objetivo. “Ningún equipo ha cancelado su presencia”, dijo Daniel Benaim, responsable de las tres etapas del Giro organizadas por Israel.

Veintidós equipos y grandes nombres del ciclismo, como Chris Froome, Tom Dumoulin y los colombianos Esteban Chaves y Miguel Ángel López, ya están en la ciudad. Jerusalén está lista, sus grandes avenidas fueron acondicionadas, sus hoteles están repletos, y se espera que unos mil millones de telespectadores sigan la carrera por televisión. Más de cuatro mil agentes de policía se desplegarán durante el recorrido para garantizar la seguridad.

En las calles palestinas, ajenas a los preparativos que se viven en el oeste de la ciudad, la llegada del Giro es recibida con resignación y un cierto hartazgo. “¿Qué podemos hacer? La realidad es que Israel ya gobierna de facto en toda Jerusalén y hace lo que quiere sin que nadie diga ‘basta’”, dijo Hadi, un comerciante palestino de la Puerta de Jaffa, en la ciudad antigua, a pocos metros del trazado de la contrarreloj inaugural.

“En las calles palestinas la llegada del Giro es recibida con resignación y un cierto hartazgo. “¿Qué podemos hacer? La realidad es que Israel ya gobierna de facto en toda Jerusalén”.

Efectivamente, el funcionamiento de Jerusalén como ciudad recae en manos israelíes desde 1967. El alcalde de la ciudad es israelí y, aunque los palestinos podrían votar en los comicios municipales, se niegan a hacerlo porque implicaría reconocer de facto la ocupación. De Israel depende el suministro de electricidad, la recogida de basuras, la creación de parques y el mantenimiento de las carreteras. El presupuesto que la Alcaldía dedica a los palestinos es de un 11 por ciento, pese a que representan más de un tercio de los habitantes.

Además, los palestinos son considerados únicamente residentes en la ciudad, aunque hayan nacido en Jerusalén, al igual que sus padres y abuelos, y solo poseen un permiso de residencia que deben renovar y que Israel puede revocar por razones diversas.

Al Quds, como la llaman los palestinos, que en árabe quiere decir ‘la sagrada’, es efectivamente santa para las tres religiones monoteístas (Islam, judaísmo y cristianismo). Basta un paseo por el casco antiguo de la ciudad para caer en cuenta: Jerusalén, donde intentan convivir israelíes y palestinos, además de santa es enfermiza, extrema, compleja e intensa.

“Los organizadores del Giro encontraron un buen patrocinador con Israel y pensaron que sólo venían a correr y punto. Pero el conflicto de Jerusalén les ha atrapado y el inicio de la carrera no será tan bonito ni tan deportivo como se creía”, aseguró con tono misterioso Aziz Awad, palestino de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Las autoridades israelíes no esperan manifestaciones que perturben la carrera. Nibal Jalil, del Comité Olímpico palestino, tampoco cree que haya una movilización importante de ciudadanos palestinos contra la celebración del Giro. “Están cansados y sienten que no va a servir de nada protestar. Pero en caso de que hubiera manifestaciones, pedimos que se respeten los valores deportivos y no se caiga en la violencia”.

 

*Periodista española. Vive en Jerusalén.

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